miércoles, 28 de octubre de 2015


   Tal vez uno de los secretos que guarda la historia bajo siete llaves, y tal vez más, la historia del deporte en nuestro país, es la que ocurrió en aquellos tiempos, con unos de los afamados jugadores de fútbol de la época, “Pichuco” Almeyda, fue quizás el mejor Nº 5 que haya pisado las canchas argentinas, la historia que la escuche de terceros y estos  a su vez de otros, es la que paso a relatar.

 Corría el año 1978, para ser más exacto Febrero de 1978, la selección de fútbol se preparaba para el mundial que se realizaba, como ustedes saben, ese año en el país. Estaba todo preparado para ese gran acontecimiento, todo venía excelentemente bien, hasta que por esas causas fortuitas de la vida, el entrenador que en ese momento( se le decía D.T en aquellos tiempos), se entera que “Pichuco” no podría jugar en los partidos del mundial, porque le correspondía para ese tiempo realizar el servicio militar, él cual  para esa época era obligatorio. Menotti, el entrenador de aquel equipo, pegando un grito en el cielo, no hace mas que enviar una misiva a la mismísima junta militar, la misma que gobernaba en ese momento, aclarando la situación, y si se podía hacer algo al respecto, la contestación no tardó en llegar. Los tiempos corrían aceleradamente si pensamos que en junio comenzaba el campeonato, por lo que enseguida se pensó en una solución.

 Almeyda había nacido en La Pampa el 25 de septiembre de 1968, solo por dos meses no había podido salvarse del ejército, pues los nacidos hasta julio de ese año quedaban exceptuados del servicio militar, pues la reforma que se había realizado era para que los nuevos conscriptos lo realizaran con 18 años y no con 21, como venían haciéndolo hasta ese momento, Almeyda por esos dos meses no entraba en esa categoría, los dirigentes de ese momento no tuvieron la mejor idea que cambiar el acta de nacimiento del “Pichuco”, colocando el nacimiento dos meses antes, el 25 de julio, y de esa manera poder jugar el tan ansiado mundial, vistiendo la camiseta albiceleste.

 Todo se había organizado de tal forma que nadie se percataría del tema, se había preparado todo al dedillo, habían elegido un registro civil de la capital, el 137, el cual tenía una puerta de servicio que permitiría entrar a Almeyda sin ser visto por la prensa, ni tan siquiera por algún transeúnte que  inadvertido  pasará por el lugar, ya que solo lo separaba apenas 5 mts. de la puerta a la acera, suficiente para entrar lo más rápido posible sin ser visto. Todo estaba preparado para el acontecimiento. En el Ford Falcón viajaba en asiento de atrás, “Pichuco”, rodeado de el coronel Artemio Reyes, jefe de la dirección de comunicaciones del ejército y  del otro lado, el capitán de fragata Calixto Gómez, de redacción y prensa de la organización del mundial. El Falcón pararía por Talcahuano frente a la puerta, y en el interior estarían esperando el portero Juan Calavides y el empleado del registro Eleuterio Toledo, el auto aparcaría a las 07:45hs, se abriría la puerta y en segundos estarían dentro del Registro sin ser vistos, todo estaba planeado a la perfección, el día señalado era el 12 de Marzo, un día miércoles que no había tanto movimiento por la zona. Llegado el día tal como se lo había señalado, el auto llega a las 07:43 para ser más exacto, al mínimo movimiento del sonido de la puerta del auto que se abre, apenas nomás se abre la del registro, sale el coronel primero, seguido por Almeyda y por la otra puerta, lo hace el capitán de fragata. Apenas subidos al cordón de la vereda se percatan de una niña de edad escolar, que tal como ellos pasaba por el lugar rumbo a su colegio, casi que la llevan por delante,  sino fuera que ella misma se detiene para ver semejante acontecimiento, la niña mira a los ojos a “Pichuco” y lo reconoce enseguida sin decir palabra, era muy común en ese tiempo en las propagandas televisivas y de revistas, ver la cara de “Pichuco” por todas partes, era por lo demás conocida y hasta familiar, estaba en todas las propagandas habidas y por haber , desde una gaseosa hasta en una servilleta, si ibas a un restaurante, por ejemplo, ¡era imposible no reconocerlo!, la niña paralizada no atino a ningún gesto, solo con sus ojos fijos en Almeyda, la situación podía cortarse con un cuchillo, densa como la que mas, “Pichuco” atino solo a sonreírle, a lo que la niña respondió con el mismo gesto, la situación que habrá durado apenas milésimas de segundos pareciera que hubiera durado años. El coronel solo atino a tirar del brazo a Almeyda, y lo mismo hizo el capitán al unísono, en segundo estaban ya en el registro.

  Todo hubiera pasado inadvertido sino fuera que esa situación comprometía de manera absoluta la identidad de Almeyda y la de los mismos militares que en circunstancias extrañas llevaban a “Pichuco” como a un delincuente. No podían dejarse cabos sueltos, había que eliminar a la niña y el coronel Reyes enseguida tomo cartas en el asunto.

  Al cabo de una semana sabían nombre y apellido de la susodicha, lugar de residencia, horarios de entrada y salida de su colegio, nombre de sus padres, etc. Estaba todo preparado para pasar a la acción, cuando Reyes recibe una nota directamente desde arriba, de las mismísima junta militar, que se abortaba el tal asunto del secuestro, admitiendo que no se corría ningún peligro, y que se debía evitar toda sospecha de eliminación de ciudadanos (en esos momentos  llegaban visitantes al país de todos los rincones del planeta), evitando así la mala prensa que para esos momentos tenía la junta militar en el exterior. Lo cierto que Jacinta López nunca se enteró de cuan cerca estuvo de perder la vida, o mejor dicho de engrosar las filas de los casi treinta mil desaparecidos, también se cuenta que a Videla se le habría ablandado un poco el corazón y vaya saber porqué no querría llevar más muertos en sus espaldas. En aquellos tiempos, según decían algunos, la presión de la Organización Interamericana de DD.HH y la de los  gobiernos de otros países, hacían ya inviable ese recurso. La cuestión que Jacinta López con sus 53 años disfruta de sus 3 nietos y un bisnieto en las afueras de Flores, en una casita humilde, y pensar que su futuro le hubiera sido arrebatado sin siquiera estar enterada del asunto.