Pronto empezaron a molestarme los sonidos, y
eso que a mí me encantaba la música, pues dejé de escucharla, empecé lentamente
a buscar más los silencios.
Me retiraba al campo, para así alejarme del
ruido de la ciudad y de toda clase de sonidos, pero allí también me molestaban
los cantos de los pájaros, el sonido de
los arroyos, etc.
Un día revolviéndome en la cama comenzó a
molestarme el sonido del reloj, con su tic-tac infernal, lo alcancé desde mi
mesa de luz para quitarle la pila, y aunque hubo un momento de paz, pronto empecé
a oír los ladridos de los perros a lo lejos, podía distinguir el ruido de los
autos como el de los camiones, a una distancia de un kilómetro o más quizás.
Comencé a oír el ruidos de los insectos o qué
sé yo que cosa, cucarachas tal vez, hurgando en las paredes, ruidos que eran
insignificantes comenzaron a ser para mi insoportables e inmediatamente salté de la cama y me encerré en el baño para
encontrar verdaderamente el silencio,… creí por fin en un momento haberlo
encontrado, pero al cabo de unos segundos empecé a sentir como un tambor insoportable
el ruido que hacía mi corazón, luego comencé a escuchar los ruidos de mis gases
en mi interior, y toda clase de ruidos, como explosiones, el sonido de la
circulación de la sangre corriendo por mis venas, como abrían y cerraban mis
ventrílocuos izquierdo y derecho, parecían como frenos de aire de colectivos
casi sincronizados, todos esos ruidos me parecían insoportables, así que decidí
acabar con ellos en un instante, fui a
mi cajón de mi mesa de luz y saque esa pistola, que no sé desde cuando estaba allí,
la cargué y me dirigí nuevamente al baño.
Lo
último que sentí fue el ruido del arma al caer, y como un eco que rebotaba en
las paredes de ese baño, para luego deslizarse
por el piso, el crac de mi cabeza en el
suelo y luego por unos momentos, un
silencio,… pero duro acaso algunos segundos, más cuando comencé a elevarme
traspasar el techo del baño, y elevarme y elevarme.
Y así lentamente comencé a sentir como las
moléculas de agua se juntaban unas a otras como estallidos y formaban grandes
gotas, en medio de las nubes, luego presté más atención y comencé a sentir a
los electrones combinándose unos con otros, luego estallidos impresionantes de
átomos que al principio me aturdían pero al cabo de un tiempo empecé a acostumbrarme,
ahora ya puedo distinguir el sonido de un neutrino, calcular la velocidad de un
cuazar, esos que pasan a toda velocidad
junto a mí, y aunque hace más de dos siglos que sigo viajando por el espacio,
gracias a Dios ya me he acostumbrado a tanto ruido.