martes, 13 de octubre de 2015


  Pronto empezaron a molestarme los sonidos, y eso que a mí me encantaba la música, pues dejé de escucharla, empecé lentamente a buscar más los silencios.

 Me retiraba al campo, para así alejarme del ruido de la ciudad y de toda clase de sonidos, pero allí también me molestaban los cantos de los pájaros,  el sonido de los arroyos, etc.

 Un día revolviéndome en la cama comenzó a molestarme el sonido del reloj, con su tic-tac infernal, lo alcancé desde mi mesa de luz para quitarle la pila, y aunque hubo un momento de paz, pronto empecé a oír los ladridos de los perros a lo lejos, podía distinguir el ruido de los autos como el de los camiones, a una distancia de un kilómetro o más quizás.

 Comencé a oír el ruidos de los insectos o qué sé yo que cosa, cucarachas tal vez, hurgando en las paredes, ruidos que eran insignificantes comenzaron a ser para mi insoportables e  inmediatamente salté  de la cama y me encerré en el baño para encontrar verdaderamente el silencio,… creí por fin en un momento haberlo encontrado, pero al cabo de unos segundos empecé a sentir como un tambor insoportable el ruido que hacía mi corazón, luego comencé a escuchar los ruidos de mis gases en mi interior, y toda clase de ruidos, como explosiones, el sonido de la circulación de la sangre corriendo por mis venas, como abrían y cerraban mis ventrílocuos izquierdo y derecho, parecían como frenos de aire de colectivos casi sincronizados, todos esos ruidos me parecían insoportables, así que decidí acabar con ellos en un instante, fui  a mi cajón de mi mesa de luz y saque esa pistola, que no sé desde cuando estaba allí, la cargué y me dirigí nuevamente al baño.

  Lo último que sentí fue el ruido del arma al caer, y como un eco que rebotaba en las paredes de ese baño,  para luego deslizarse por  el piso, el crac de mi cabeza en el suelo y luego  por unos momentos, un silencio,… pero duro acaso algunos segundos, más cuando comencé a elevarme traspasar el techo del baño, y elevarme y elevarme.

   Y así  lentamente comencé a sentir como las moléculas de agua se juntaban unas a otras como estallidos y formaban grandes gotas, en medio de las nubes, luego presté más atención y comencé a sentir a los electrones combinándose unos con otros, luego estallidos impresionantes de átomos que al principio me aturdían pero al cabo de un tiempo empecé a acostumbrarme, ahora ya puedo distinguir el sonido de un neutrino, calcular la velocidad de un cuazar,  esos que pasan a toda velocidad junto a mí, y aunque hace más de dos siglos que sigo viajando por el espacio, gracias a Dios ya me he acostumbrado a tanto ruido.

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