Hoy viernes, como cualquier viernes de cualquier semana, de cualquier mes, de cualquier año.
Es viernes, ¿ y que?, me pregunto, como tantas preguntas absurdas que me hago, y si, y no pasa nada.
Solo reminicencias,
que es lo único que me queda del pasado.
Recordar, recordar el olor a perro mojado con la lluvia, por ejemplo,
el perro comiendo mandarina, que no es el mismo perro de antes.
La olla hirviendo, en la hornalla, humeante, una olla como para un ejército, si apenas somos cuatro me digo.
El olor a mate cocido, poniendo mis pequeñas manos alrededor de esa taza de loza caliente, en esos inviernos helados, casi congelados, aterido, con el vapor que sale de mi boca, y jugar con él, como si me fumara un Benson y Hedges, y disfrutar con eso, como si respirara profundamente ese humo y besara a Marilin Monroe.
Las tarde de damas, de cartas, de trucos, de "El estanciero", soñando ser propietario de Buenos Aires la provincia más cara, el ruido de la pelota golpeando en la pared del vecino en plena siesta, y nunca me dijo nada, y ahora me doy cuenta cuanto molesta una simple pelotita de tenis golpeando en mi pared.
La caída de la tarde y salir a la vereda para verte salir, y mirarte, como si mirara la más hermosa princesa de los cuentos, y no animarme ni siquiera a decirte: Hola. Solo un ademán del que solo somos complices los dos, que significa tal vez ese hola que no me animo, o algo más, pues nunca lo sabré, y ya poco me interesa, pues el tiempo que pasa, y sus circunstancias pasan en ese momento y no vuelven más, y tuve varias tardes, quizas miles, pero no me anime y quedó flotando en el pasado, ese," tal vez".
El ruido de la lluvia cayendo por la galería, el ruido de los carros por las calles de tierra, los vientos de agosto y sus tierras traídas de no se donde, las carreras de bicicletas, las caídas de esas carreras, los partidos interminables de fútbol, el ruido de los chicos en el recreo en el patio del primario, el olor de las vacunas, haciendo esas colas para que me ingerten en el brazo una de esas cosas, y ese olor que me atravezaba el estomago, como becerro quien va al matadero y no tiene posibilidades de escapar, escuchando los gritos y aullidos de los que van adelante y salen llorando, y uno pide fuerzas de no se donde para no sucumbir al dolor y a la situación,.. apenas un ¡Ay! y salir, ante la mirada atónita de los que van a pasar por el degolladero pronto.
El guardapolvo sin botones, y los retos de mi madre, no entendiendo, si me los había puesto o repuesto solo la tarde anterior, pero no pudieron escapar de las garras del dos, tres cacho, y se perdieron en ese patio sembrado de botones, de todos los tamaños y medidas, como esperando ser rescatados por sus dueños...y ahí permanecerán por la eternidad, hundidos en la tierra de sus sueños, perdidos, descoloridos, putrefactos, todavía hoy muy de vez en cuando suelen aparecer a la superficie y reclamar a su sus dueños su rescate.
Hoy es viernes, como cualquier viernes, de cualquier semana, de cualquier mes, de cualquier tiempo.
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